viernes, 5 de febrero de 2016

María, los helados y mi impericia


La mamá de María hace los postres helados más ricos de Tucumán. Ya la mamá de la mamá de María los hacía en aquel local angosto y largo, como suelen ser las heladerías, de la calle Salta a donde me llevaban mis padres alguna que otra tarde.
Por razones que desconozco, el local dejó de funcionar y tanto Rut, la mamá de María, como su madre y la misma María empezaron a vender los postres desde la casa, a pedido. Tres mujeres y los mejores postres helados de la ciudad.
Esa hubiese sido una linda nota de color, una para los potenciales turistas interesados en este norte o para los nostálgicos que, como mis padres, llevaban a sus hijos al viejo Sasor. Sin embargo, la noticia fue otra.

El día que fui a ver a Rut a su casa para entrevistarla olvidé que no tengo ninguna cancha en estas cosas y que mi anhelo de escribir se apoya más en los almohadones de la poesía que sobre el duro cartón del periodismo, duro y real. Salí con la humedad pesada sobre los huesos y unas ganas contenidas de llorar, como al final de una película triste pero sin película.
Ese día la mamá de María me contó cosas que yo ya sabía, las más terribles, y otras de las que no tenía idea, dulces, suaves detalles. Fueron estos últimos los que me quedaron dando vueltas, amontonándose para taponearme la garganta todas esas cuadras desde la casa d Rut hasta la mía. Como que a María le gustaba escribir poesías, como que era callada y para adentro, como que su habitación a donde estuvimos charlando con Rut, estaba pintada por ella, como que escuchaba a Pedro Aznar. Yo iba preparada para escuchar hablar de abogados y juicios, de cifras sobre el femicidio, de perversos. En cambio, me encontré con una madre que hablaba de su hija con una admiración que no cae en la mitificación, que mientras da un beso acomoda el cuello de la camisa, que sabe que en el amor cabe todo y defectos. 

Mataron a María en 2012 y más de dos años después escribí esta nota para La Palta, el colectivo de comunicación popular en el que colaboro. La historia se me quedó atravesada y nunca quedé conforme con lo que escribí, nada de lo escrito podía hacerle verdadera justicia a lo que yo sentí esa tarde mientras escuchaba a Rut, la mamá de María, que hace los postres helados más ricos de Tucumán.

Aquí la nota que nunca me conformó.

4 comentarios:

  1. Ni una menos. Pero con justicia y memoria, en ese orden.

    Conocí el caso hace unos años, creo que en 2014 cuando se realizaba el juicio a esa bestia, con perdón de las bestias, durante una investigación para un programa de tele con casos verídicos de asesinatos "pasionales" de mujeres. Lo pongo entre comillas porque creo que se debiera dejar de cometer el exceso de utilizar ese "mote" para categorizar tantos casos que tanto dolor han causado.

    ResponderEliminar
  2. Así es, Carlos. La palabra 'pasional' es repugnante. Se trata de un eufemismo nada inocente, a mí parecer, para hablar de femicidio: porque casi siempre las víctimas son mujeres y casi siempre los victimarios son hombres: hombres enfermos que ni ellos ni nadie han sabido reconocer como tales, con una agresividad que es patológica. La pasión es otra cosa que nada tiene que ver con estos tipos ni con estas relaciones que construyen.
    Tristemente, como pudiste ver, el caso de María ha tenido mucha difusión y fue a engrosar una interminable de mujeres víctimas de la violencia machista. Ojalá la concientización llegue lejos, hasta todas las mujeres y todas aquellas oficinas que desoyen estos pedidos de ayuda. Ojalá todas las Marías del futuro puedan ser recordadas por su amor a la poesía y no por haber sido brutalmente asesinadas. Ojalá.

    ResponderEliminar
  3. Qué horror. Es más, qué impotencia me recorre el cuerpo cuando sé de cosas así.
    Debiste quedarte hecha polvo durante días, porque cualquier muerte en cualquier situación, es brutal, pero en estos casos además de tristeza, te causan impotencia, miedo, rabia y desesperación.
    Hay que ser muy radical con este tema, y no aceptar si quiera un chiste al respecto.

    Podía haber sido una bonita historia sobre helados y cariño... si no se hubiera cruzado en ella un miserable desalmado.

    Qué pena.

    ResponderEliminar
  4. Pues sí. Quedé bastante tocada de oír la historia de María tan de cerca. La contracara de todo esto fue el haber conocido a Rut, una mujer maravillosa y llena de vida que a pesar de su dolor no ha dejado de pelear por justicia para su hija y quienes puedan sufrir su misma suerte en el futuro. Su lucha es lo que hay que rescatar de este horror.
    Un abrazo

    ResponderEliminar