El siguiente texto forma parte de un pequeño compilado que hiciera hace un par de años bajo el nombre de "Marcianita (apuntes de este mundo)", en un rapto de amor y de ganas de contarlo. Hoy me dio por compartirlo, como quizá luego comparta otros de los textos que componían este pequeño librito manufacturado.
...................
Marcianita y yo
Han de saber que hay 6
cuadras, a decir suyo, entre la marcianita y yo. Digo que es a decir suyo porque yo no sé
contar y poco me importa aprenderlo a esta altura de la vida.
Seis cuadras en argentino quieren
decir aproximadamente 600 metros, que bajo el sol siempre parecen más y, de su
mano, siempre menos. Seis cuadras y un tren de los pocos que todavía pasan por
esta ciudad, levantando tierra y haciendo quetrén
quetrén entre la marcianita y yo.
El día exacto en que cayó en
este planeta, no sabría decirlo, pero estoy segura de que así fue. No podría
haber llegado de otra forma más que cayendo brusca y aceleradamente: no sé si
ser atolondrados es un atributo marciano pero sí que lo es de ella.
Cayó por aquí y desde
entonces los intercambios culturales entre su planeta y el mío han sido cada
vez más frecuentes, más sólidos y, perdón por la verdad, caóticamente hermosos.
En años mundanos, la marciana
es menor que yo, y eso la hace inmediatamente una marcianita a mis ojos, aunque
en su planeta los años se cuenten en otras cosas, como en luces quizá, y
tengamos ambas las mismas luces encima.
De sus manos chiquitas he
aprendido ciencias y tonteras, secretos de cuna y desastres de gente grande:
los marcianos cuentan cosas con el tacto, enseñan de un roce o una caricia,
como hace el viento. Yo puse mi cabeza bajo sus manos y cerré los ojos. Cuando
desperté había un mundo alborotándose adentro y su eco se me iba al pecho en un
tambor que, reconocí, era ahora mi latido.
De mi mundo ella también se
deja enseñar. Cruzamos francés con unos cuantos acordes y entre sueño y sueño
le cuento que soy clase ’86 para que se ría con estruendo marciano y
tiemblen las luces del alumbrado público. Quizá no sea mucho, pero es por mí que
sabe algunas cosas de este mundo y las cuida y las siente como propias.
Ella dice que soy su humana
preferida. Se rajan como bolillas los planetas, se embotella la Vía Láctea y yo
no sé bien qué decir.
A.J - Diciembre de 2013

"...De sus manos chiquitas he aprendido ciencias y tonteras, secretos de cuna y desastres de gente grande: los marcianos cuentan cosas con el tacto, enseñan de un roce o una caricia, como hace el viento..."
ResponderEliminarOjalá te dé por seguir compartiendo esos textos.
Gracias Carlos! He perdido la gimnasia de llevar un blog con más o menos regularidad, pero será un objetivo para este año.
EliminarHabrá más de la marcianita, entre otras historias un poco más mundanas. Gracias por seguir por aquí!
No sabía yo de la existencia de tu marcianita. Qué inteligentemente tierna se me antoja. Vas a poder aprender mucho de ella. Y hasta yo en la distancia.
ResponderEliminarMe encanta. Más.
Así es. Cuando una cree que ya lo ha visto todo, cae una marciana y hay un mundo, otro, por aprender.
EliminarGracias. Pronto.