“Au milieu de l'hiver, j'ai découvert en moi un invincible été" (A. Camus)
No queda sitio donde esconderse. Los lugares donde hemos sido felices se pueblan de kamikazes y odio, de bombas más repudiables que otras, de desmemoria, de más chicos en las playas, de más jóvenes encerrados sin salir a tomar unos tragos en la terraza. Yo no sé.Una amiga me cuenta que sus pies la llevan, sin que ella pueda evitarlo, a la casa donde vivió con su pareja, aunque ahora otro sea su hogar.Y es que el cuerpo no se acostumbra a andar como bola sin manija, necesitamos vivir en nuestro elemento, si no, algo se quiebra y boqueamos como pescados al aire libre.
Hoy no queda sitio a dónde ir. El mundo se ha vuelto un lugar ancho y oscuro, ajeno. Corren vientos de agua y una tan sin techo. A veces asusta llegar a casa y que ni el gato nos reconozca, o mirarse las manos y notar que ya no es una quien las mueve.
Pienso en las máquinas del tiempo, esas cajas que, de chicos, llenábamos de cosas valiosas (una carta, un juguete querido, figuritas, chocolates, una flor) y enterrábamos en el jardín de atrás para cuidarlas de los años. Habría que hacer máquinas del tiempo para abrazar lo que tenemos y desenterrarlo algún día, cuando pase la intemperie.
En la intemperie, en esta segunda adolescencia, me da por meter la cabeza en un libro o enchufarme auriculares que me dejan sorda. Escribo hasta en las paredes y mientras camino veo las palabras engancharse sobre un fondo negro. Nunca he podido sufrir en silencio, siempre intento manotazos de ahogado que me salven y me dejen otra vez segura en la tierra.
Me doy al amor, a los detalles que rajan la tela oscura de la rutina. Sueño contra su espalda, llanura del sur, paisaje que desarma.Quisiera sentirme en el mundo tan segura como me siento en su abrazo, que ningún ojo juzgue mi mano en la suya, que los desmaravilladores no tengan que volver a aguarnos la fiesta.
Con todo, la intemperie no va a vencerme. Las ciudades con las que soñé han cambiado pero yo no, tengo guardada en los cajones de la memoria lo necesario para hacerlas aparecer. Me han educado en la verdad y en la memoria, en eso de que la única lucha que se pierde es la que se abandona, y tengo su foto de pasaporte como amuleto. No me han vencido: he pasado años haciéndome fuerte, ahora es cuando toca gastar las suelas pero no para correr, sino para aguantar de pie. No voy a desprenderme de nada de lo que me hace libre, esta sensibilidad que me hace lloriquear por los rincones va a ser la que me salve del naufragio y no voy a salvarme sola: conmigo vendrán todos los llorones sin asilo, como yo.
Pasará la intemperie y no habrá quién me quite el sol de la mirada.
Quiero entender que te refieres a un sinfín de cosas y casos que nos azotan. No creo que te refieras a nada muy en concreto y a todo lo que nos conforma en sí.
ResponderEliminarSabes que tiendo al positivismo, aunque solo por una mera cuestión de supervivencia; si he decidido seguir adelante con todas las zancadillas que a todos nos ponen en el camino, he de hacerlo entonces creyendo firmemente que ha de ser para bien.
Y aunque te resulte extraño, dentro de cierto pesimismo que acostumbrar a mostrar tus palabras, no dejas de soñar con un mundo mejor, y eso de cualquiera de las maneras, es la esperanza.
Tu fondo es muy probablemente el mismo que tejiste hace muchísimos años, y no debes renunciar a él por nada ni por nadie, ni por una bomba, ni por un quejido, ni por un presidente.
La frase de Camus debería estar pintada en el espejo en el que nos miramos cada mañana, y ser, sencillamente, nuestro grito de paz.
Suponés bien, se trata de todo junto. He vomitado un montón de cosas y comprendo que para el lector más o menos desprevenido, no cierre del todo.
ResponderEliminarTenés razón en todo:
- Tu positivismo superviviente
- La esperanza que se asoma por lo que escribo (muuuy tenuemente, pero ahí está)
- No deberíamos renunciar a nada de lo que somos. Tampoco creo que podamos: estamos atados siempre a la misma estrella (diría Huidobro), es imposible huir(se). A veces sufrimos un poco, cuando las circunstancias externas nos son adversas, pero nos las ingeniamos para salir a flote siendo esto que somos (uno sólo es lo que es y anda siempre con lo puesto, no?).
- Habrá que dejar pintada en el espejo la frase...y avanti
"Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio"...
EliminarMe conmovió, tanto que mientras te leía tarareaba aquel tema de La Máquina de Hacer Pájaros, "No te dejes desanimar", tanto que al terminar de releerte, lo volví a escuchar...
ResponderEliminarOjalá la intemperie haya sido, ojalá la uses como combustible, tal vez eso mismo esté pasando... o no habrías escrito algo tan crudamente esperanzador.
Gracias, Carlos. Me encanta La Máquina y Serú, siempre han sido una banda de sonido en mi vida, así que no me extrañaría que puedan sonar detrás de estas palabras.
EliminarDe a poco me voy sacudiendo las alas. El parate sirvió para juntar fuerzas y seguir. La esperanza no se moja con ninguna tormenta (:
Habláis de canciones rarísimas que desconozco totalmente. Suerte que en la ventana de al lado, tengo el buscador. Y ahí que voy.
ResponderEliminarCon Almendra y La Máquina de hacer pájaros tenés la asignatura "rock nacional argentino" casi aprobada ;)
EliminarTal cual, cuando uno escribe se relata, se transmite, y todo aquello que lo ha formado aflora, como en ecos, de a ratos, y así debe ser...
ResponderEliminarAbrazo, Zoe, tu antena capta fenómeno y emite que ni te cuento.