sábado, 28 de noviembre de 2015

De rotos y descosidos



Uno siempre piensa que está solo en una ciudad de solos, que el mundo es una perversa inmensidad hecha de ausencia, como dijera el negro Dolina.
Pensamos que hemos matado al amor de varios tiros a quemarropa en la misma esquina aquella en que alguien una noche no apareció, y nos dejó con la flor en el ojal recitando poemas de Neruda. Dijimos entonces que nunca más, que para eso ya no estábamos, que a otro con la cantinela de Calistos y Melibeas. Brindamos en los bares con los amigos por nunca más entregar el corazón, y por que los ingratos se mueran en manos de brujas y ogros impíos. Nos fuimos a dormir felices de una cama sólo para nosotros y otros fueron los placeres y la soledad fue el bálsamo del amor propio.
Uno siempre piensa que todo está dicho o que aquella fue la última palabra. Sin quererlo, y con el secreto deseo de errar por una centena la lotería del desamor, uno siempre cree que ha perdido para toda la vida el último tren.

Pero como esas que proyectaban en el Cinema Paradiso, cuando llega la pantalla negra de 'Fin', algo pasa, como un cimbronazo en plena noche de verano, y la película comienza a quemarse por los bordes, se deshace, el cielo se abre en lluvia y va a dar a tu boca abierta. 
Algo pasa que uno pierde el control de las rodillas y un sudor torpe le moja las palmas de las manos. Uno quiere decir algo inteligente como citar a Barthes, o no decir algo tan tonto, como que en el karaoke le gusta cantar una de Vilma Palma y los Vampiros. Uno quiere de pronto ser otro, estar recién bañado, tener puesto otro par de calzados y, por qué, otra ropa interior, que no le hubiera agarrado todo tan de imprevisto, sin darle tiempo a perfumarse y pensar una frase de knock-out que no dejara lugar a la duda.
Y se le olvidan los brindis con amigos, el idiota del plantón en la esquina, las historias del siglo de oro o la canción desesperada. Se le pasa la verdad de que se está solo en el universo y de que todo esfuerzo por intentar lo contrario está destinado a fracasar.

Algo pasa y, sin pensarlo dos veces, volvemos a poner por garantía el corazón. Y a veces ocurre que pasa mucho tiempo y sigue intacto, allá en su mano, el cofre que le marca el norte y el ritmo, cuando el tonto se nos quiere rezagar. 



4 comentarios:

  1. Uno está solo, definitivamente, pero con su universo dentro, de modo que ese "solo" tiene más que ver con lo que decía Rimbaud (Yo es otro) que con la poética aunque penosa soledad de sentirse solo. Hay que saber eso, saber discriminar que está bueno estar solo pero con uno, y saber convivir con eso, de modo que ese estar solo, si tenés un lápiz a mano, un pincel, una guitarra, un piano o aunque más no sea tu voz no tenga estrictamente que ver con esa horrible soledad del que no tiene a nadie ni tiene nada para dar. Lo que nunca es verdad.

    Cuando digo universo dentro de uno digo tu corazón, ese cofre que tenés lleno de estos inspirados textos que si no los escribís vos, Zoe, La otra, quién...?.

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    1. Efectivamente, creo que la soledad bien entendida es propicia para muchas cosas. Que saberse soportarse en soledad, con neuras y traumas y mundos propios, es un aprendizaje, y que para los artistas es necesario y hasta buscado: la soledad es buena amiga de la inspiración.
      Creo que aquí hablo más bien de la soledad que viene después del desengaño, el desamor que nos hace productivos artísticamente pero unos infelices que andan arrastrando las patitas por ahí.
      Ojo, nada vende más que la soledad, la melancolía y la tristeza. Todos los que escribidores sin remedio lo sabemos bien y le hemos sacado el jugo muchas veces.
      Pero el amor, es que el amor...

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  2. Igual no es un post gracioso, pero a mí me ha hecho reír ese sentido del humor que dentro del pesimismo, le ves a todo. "Las rodillas, las palmas, Barthes, el karaoke, los calzados, la ropa interior..." Tiene su gracia porque somos -en el fondo- tan iguales todos. Como los gatos, por poner un ejemplo que lo que aquí aparcamos conocemos... Unos serán más ariscos, otros más besucones, blancos, a manchas o rayados, de orejas más o menos largas, pero caray, a todos les da por tirar al monte y husmear por los tejados.

    Los ciclos son así. Nosotros somos así. Y poner en garantía el corazón, es tan necesario como el beber.

    Besos!

    PD: Tu querida Pat está en puertas de exámen de castellano (lo que en mi juventud se llamaba "Literatura") y hoy hemos tenido que repasar de arriba abajo la vida de Fernando de Rojas y su Celestina.
    Estoy del Prerrenacimiento hasta los mismísimos... :P

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    1. Bueno, no, no era un post cómico, pero entiendo la risa. Creo que a veces la vida misma me da esa risa ¿Nunca te ha pasado? Te salís por un momento de vos, ves la escena desde afuera y te da por reír para no llorar. Tantas cosas absurdas, imperfectas, y sin embargo tanto más hermosas... Una es Barthes y Vilma Palma, y una torpe que transpira a pesar del maquillaje, y que no se desviste como en las películas.
      De círculos está hecha la vida, si no lo sabremos nosotras, con nombres que se escriben dentro. No podemos hacer nada, renunciar a sus ciclos sería estar muertos.

      Besos pa vos!!

      Pd: Mi más sentido pésame a Pati, y a la madre que la acompaña. Espero que no hayan tenido que pasar por Berceo y/o el Conde Lucanor, o que hayan tenido a mano una bebida energizante para contrarrestar el efecto soporífero.

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