miércoles, 4 de noviembre de 2015
Descubrirle el agujero a las siestas
La primera vez que me caí y me rompí la frente fue a eso de las 3 de la tarde, hora dormida en que mis padres se habían entregado a Morfeo rendidos a mis piecitos inquietos. Yo tenía 2 años cuando ese golpe de punta de taburete me dejó un par de puntos y la extraña certeza de que las siestas en mi vida habrían de marcarme algo más que la frente.
Ocurre que las siestas que vivo tienen siempre un agujero por donde caigo, en el suelo o en el tiempo, y todos los días a esas horas entre el fin del almuerzo y la hora de la merienda vuelvo a tener esos 2 años inquietos que quieren asir el mundo.
Caer por el agujero de la siesta siempre trae algo para contar.
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Ante todo: Así me gusta. Un escritor tiene que estar al pie del cañón. Ha de tener un espacio para descargar. Un día será altamente inspirador y las letras se unirán solas, otro será un muermo inevitable y desesperante que como la tempestad, pasará.
ResponderEliminarSobre las siestas... Sí, siempre y cuando no haya nada que hacer tras ellas, de lo contrario (en mi caso) me despierto como si un tanque hubiera pasado sobre mi cuerpo y sin estar ni en este mundo ni en el otro.
Me parece que esos puntos a los 2 años, te hicieron ser especial ;)
Qué ilusión tenerte más cerca. Me alegra tanto...
Hay alguien ahí? (qué repelotuda que eres)
ResponderEliminarJuajua! Perdón!! Estoy última con esto de volver al mundo bloggero, dejame que retome el ritmo y estaré al pie del cañón para posts y comentarios.
ResponderEliminarSupongo que una vuelve a escribir porque no le queda otra, no elegís vos sino tus entrañas...Lo buenísimo es tener cerca quienes nos lean y nos disfruten (porque nos quieren, vamos! si no, no se explica).
Me encanta volver a leerte, reírme y pensar con lo que escribís :)
¿Que te quieren? Jajajajaja. Solo intento, pero me lo pones muy difícil. Jajajaja.
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